Let’s Change The World With Music, nada menos. No sé muy bien cómo enfrentarme a este disco, o, mejor dicho, no sé muy bien cómo enfrentarme a escribir sobre este disco. Es tan especial a tantos niveles que uno teme que las palabras, que siempre se suelen quedar cortas para expresar emociones y sensaciones, sean en este caso aún más limitadas de lo habitual. Si quieren un resumen que les ahorre divagaciones, baste con decir que es maravilloso, una auténtica preciosidad.
Si quieren más datos, aunque seguramente ya los hayan leÃdo por ahÃ, este es un disco que Paddy McAloon, el artÃfice de Prefab Sprout, tenÃa guardado en algún cajón desde hacÃa mucho tiempo. Casi veinte años, en realidad, pues estaba previsto que fuera la continuación del gran Jordan: The Comeback. Pero el azaroso destino decidió que no se haya publicado hasta finales de este año que a su vez concluye una década (porque, sÃ, en 2009 termina la Década de los 00, pero ese es otro asunto que si quieren discutimos otro dÃa). Cuando empecé a escucharlo, ya tenÃa prácticamente decididos todos los álbumes por los que iba a votar en nuestra lista de favoritos de los últimos diez años, y, con dudas, finalmente no lo incluÃ, ya que en un disco con una cronologÃa tan particular no me pareció tan mal hacer una excepción. Si nunca llegó a pertenecer al principio de la década de los 90, quizá tampoco deba hacerlo al final de esta, porque a lo mejor todo esto no ha sido casual y realmente juega con lo atemporal (listo, ya he utilizado el calificativo más recurrente al hablar de él). Con todo, y contraviniendo lo anterior, es más que probable que sà lo vote como mejor disco de 2009, porque algún premio he de darle, y aparte de comprármelo y alabarlo, es el único que humildemente se me ocurre.
Otro aspecto que lo hace especial para mà es uno un poco macabro: habiendo leÃdo sobre los problemas de salud que ha sufrido en los últimos tiempos Paddy McAloon y viendo el aspecto de casi anciano que ha adquirido, hice una inconsciente asociación de ideas y no pude evitar pensar que no me hubiera sorprendido la publicación de Let’s Change The World With Music como álbum póstumo. Por supuesto, deseo decididamente que Paddy viva muchÃsimos años y nos siga deleitando con su grandÃsimo talento, y a poder ser, sin espaciar tanto sus obras en el tiempo, pero ese sentimiento ha estado ahà intermitentemente durante las últimas semanas.
También lo hace especial el hecho de que sea una gran celebración (con tintes espirituales, algo muy presente en McAloon como persona) de la música, de todo lo que aporta al mundo en general y, he de decirlo, al mÃo en particular, hasta el punto de haberse convertido en mi principal pasión vital. Y esos agradecimientos que él hace a la música, los hago yo mÃos también, y nunca antes los habÃa visto expresados con tanta precisión
DeberÃa ahora hablar, supongo, de las canciones, pero ya he advertido que me sentÃa más limitado que nunca por las palabras, asà que la única recomendación que puedo hacer es que lo escuchen de principio a fin, y espero de verdad que se deleiten tanto en él como yo lo he hecho. Al final, hasta da un poco de rabia que haya un tema tan perfecto (¿el mejor de Prefab Sprout) como “Music Is A Princess” sobre el que volver a poner el foco, porque todos los demás le van por muy poco a la zaga.
Algunos lo llamarán cursilerÃa, yo lo llamo… belleza. No me canso de repetirlo: gracias a la Música; gracias, Paddy.
(Pueden escucharlo en Spotify).
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Pues nada, me lo bajo y listos.
Acabo de leer la entrevista que le hace Juan Manuel Freire en el Rockdelux de diciembre. Muy recomendable.
hay mucho más que “music is a princess” en este disco, las 4 primeras canciones la superan y son PERFECTAS, preciosas, adictivas.
Claro que hay mucho más que “Music Is A Princess”, y eso trato de decir, pero es cierto que durante los primeros dÃas que escuché el disco esa se convirtió en una obsesión.
Y además su letra es un poco el resumen de toda la alabanza a la música que se hace en el disco.