Uno piensa que, a una determinada edad, cosas con las que disfrutabas muchÃsimo hace unos años se convierten en recuerdos agradables que no soportarÃan una revisitación. De pequeño, cuando los sábados y domingos a las 15.30h. me sentaba delante del televisor de 14 pulgadas para ver Droids, David el Gnomo, D’artacan o Los Diminutos (¡disfrutaba hasta con Memole!) me acuerdo que decÃa a mi madre algo asà como que no entendÃa cómo no le podÃan gustar los dibujos animados. Y estaba segurÃsimo de que cuando fuera mayor, seguirÃa viéndolos. Evidentemente cuando uno crece ya no tiene paciencia para ciertas cosas y acaba abandonándolas por otras que se suponen más acorde a la edad de cada uno.
Esta introducción -bastante relamida y cursi- me sirve para ponerme en situación ante una pelÃcula como Fanboys. Uno cree que ha superado cierta etapa de frikismo, de gusto por todo aquello que puede desterrar a una persona de determinados cÃrculos o simplemente de hacer grandes esfuerzos por cosas que al resto del mundo le parecen que no merecen ni el movimiento de un dedo. Pero no. Viendo Fanboys me he dado cuenta que todo eso sigue ahÃ, esperando a salir cuando uno ve pelÃculas como estas.
Fanboys es, a grandes rasgos y sin desvelar demasiado, la aventura de 4 amigos que sólo se tienen a ellos mismos (piensen en The Big Bang Theory, piensen en Los Goonies, piensen en Stand by me…) y que el dÃa en que parece que les toca asumir ciertas responsabilidades, deciden lanzarse a culminar el sueño que todo fan de Star Wars quisiera haber cumplido. En el camino habrá peleas entre ellos, situaciones extravagantes que los unirán aun más y cierre de heridas pasadas. Vamos, lo que impone cualquier pelÃcula del género colegas.
Por tanto: ¿qué aporta? Pues absolutamente nada. Pero si te has sentido mÃnimamente identificado con algo de lo que se ha escrito arriba, no debes perdértela (bueno, si eres fan de Kirsten Bell-Verónica Mars y quieres verla vestida de Leia, tampoco). Porque aquà hay friquismo para parar un tren: millones de chistes nerd/geek/freak, cameos ocultos de esos que te sientes orgullosos de reconocer sólo tú, la propia premisa que guÃa a los protagonistas a lo largo de toda la pelÃcula por las carreteras americanas (facilona pero funciona) y ciertas escenas con las que me descojoné vivo: casi todas, eso sÃ, protagonizadas por un Seth Rogen que aun no ha tocado techo en esto de la comedia americana (sigue el enlace si quieres disfrutar de crÃticos alabando las virtudes -¡por fin!- de pelÃculas como La tribu de los Brady, Austin Powers o La cosa más dulce).
Es verdad que podÃa haber dado más de si, y la presencia de lugares comunes a cascoporro hunde un poco el conjunto final. Eso y la previsibilidad y poco gamberrismo del conjunto, que más allá de ciertos momentos puntuales no termina de apostar por la mala leche subliminal de la que hacen gala otras estupendas pelÃculas recientes (y Superbad es el primer ejemplo que se me viene a la cabeza). Es por eso que uno no deja de pensar qué hubiera sido de este material en otras manos un poco más resolutivas que las del desconocido Kyle Newman. Y si, estoy pensando en Apatow o cualquiera de su cÃrculo (aunque la reciente, mediocre y aburrida Pinneaple Express haya sido un patinazo en toda regla). Aunque pensándolo otra vez, Apatow ya dio su visión de todo esto en la excelente Virgen a los 40.
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Prefiero tragarme Lobezno a ver una peli asÃ. La infancia fué preciosa, porfavor no nos la destrocemos