
Casi exactamente un año después de su último concierto en Madrid, RóisÃn salió de nuevo al escenario de la Riviera con puntualidad exquisita y abriendo con una de sus canciones más potentes. Empezar un concierto con un temazo como “Overpowered” es un lujo que sólo ella se puede permitir. Y la clave en esa frase no es “ella se lo puede permitir”, la clave es “lujo”. Estar sudando antes de que termine la primera canción da muchas pistas de cómo va a ser el resto del concierto, y desde el público (mucho más numeroso y, sobre todo, mucho más entregado que un año atrás) eso se disfruta.

A pesar de que la gente estuviera mucho más entregada que hace un año, posiblemente más gente haya salido algo descontenta del concierto. Cuando escuché a mi lado a una pijocateta decir “uy, cómo se le está yendo la olla, qué arty”, le di un disimulado pisotón, pero su razón tenÃa: RóisÃn dedicó casi medio concierto a recuperar temas de Moloko, y no precisamente de los más conocidos (“Day for Night”, “The Only Ones”, “Pretty Bridges” y sobre todo un “Dr. Zee” que sonó demoledor – nena, ¿cuándo nos vas a tocar en directo “Sing It Back” o “Pure Pleasure Seeker”?), en ocasiones en versiones tan delirantes que ni se reconocÃa la canción (y a pesar de eso, bailables 100%). Pero, además, hubo tiempo para rescatar canciones de “Ruby Blue” que se quedaron fuera del setlist del año pasado: y es que “Rama-Lama (Bang Bang)” cerrando de nuevo y la propia “Ruby Blue” se convirtieron en los mejores momentos de un concierto que dejó intuir una cosa: que si el sonido que asoló la Riviera es por donde va a tirar su próximo disco, quizá en un año o dos nos encontremos con el “Volta” de RóisÃn. Percusiones marcadÃsimas y un pelo étnicas, sÃncopas brutales y ganas de saltar. Pero también mucho más guitarreo, menos disco y más jazz-rock.
La bomba, quiero decir.

Las partes disco del concierto, bien, gracias. Como siempre, esta mujer da lo que otras gañanas barriobajeras no saben dar a la electrónica: elegancia. Nuevas versiones de algunas canciones, dejándolas irreconocibles (para bien: “Movie Star” se convirtió en una canción completamente distinta), y no faltó ese “Slave To Love” que, digan lo que digan, digo sin ruborizarme que es mejor que la original. Elegancia que no solo se mostró en los trapos (que también; siempre me queda la duda de si RóisÃn elige los estilismos en función del setlist o al revés, elige las canciones en función de la ropa), sino en un saber estar tremendÃsimo* y unas proyecciones brutales, casi todas en un blanco y negro muy a lo Marjane Satrapi. Y todo esto acabó en lo que acabó: ovación cerradÃsima antes y después de los bises. Bueno, supongo que la pijocateta no aplaudió demasiado.
RSS de los comentarios de este artículo | Dirección de trackback
Al final voy a arrepentirme de no haber ido. Y sÃ, que prohÃban las cámaras en los conciertos!
Gaspashá for what? Marcos C for president (y Discotraxx ministerio de presidencia)
Fantástica crónica, y totalmente de acuerdo con la panda de gañanas que hay siempre, entre otras cosas, cantándote los temas al oÃdo, borrach@s, patos@s… no son gente que ame realmente la música, utilizan los conciertos como vÃa para pillarse el colocón.
A la hoguera, jeje
Yes, we can!
Odio profundamente a todos los que se pasan el concierto tapándome al artista de turno con la jodida camarita en alto grabando vÃdeos incesantemente… grrrrrrrrr…
[...] habitual, con Overpowered no solo tuvimos uno de los mejores discos de la década, sino también un par de los mejores conciertos que ha visto Madrid en los últimos años. La mitad de Discotraxx no la soporta. La otra mitad la [...]